La mierda se me había subido a la cabeza mientras recordaba un rostro estúpido y melancólico.
La relación terminó, sólo fue eso. No hubo culpables, ni ella ni yo. Quizá el destino que deparó entre nosotros la existencia de los celos extremos, obsesivos, dementes. Es probable que nunca haya habido amor, y si lo hubo fue para aprobar categóricamente la tesis de Nietzsche sobre la demencia en ella. De lo que sí puedo estar seguro es de lo muy bien que me enseño a ser posesivo (y a tirar como conejo). Luego alguien tuvo que cortar la relación, y fin de la historia.






